martes, 4 de marzo de 2014

¿Por qué los hombres no escuchan?

Hoy he visto en Facebook que un amigo había colgado un artículo del Diario Vasco en el que justifican porque los hombres no escuchan a las mujeres. Resulta que un científico, hombre tenía que ser, dice que nosotras hablamos con un tono que a los hombres les cansa el cerebro. ¡Claro! Es el tono. Lo que me faltaba, que los científicos eximieran a los hombres del hecho de que solo oyen lo que quieren oír. Atención, que es una cualidad que envidio. A mí me encantaría oír sólo lo que me gusta. Pero no, porque resulta que ellos no tienen esos problemas en los tonos, su forma de hablar no nos cansa, por lo que nosotras nos fastidiamos y tenemos que oír absolutamente todo; desde lo inútiles y peligrosas que somos con un martillo en la mano hasta la alineación de un equipo de fútbol de segunda B. Así que chicos, ya sabéis, cuando nos quejemos de que no nos estáis escuchando, siempre podéis recordarnos que es algo anatómicamente programado. Pero no olvidéis que si nosotras no os escuchamos es porque lo que estáis diciendo no nos interesa en absoluto. ¡Viva la ciencia!

lunes, 24 de febrero de 2014

Mi móvil y yo

Mi móvil y yo estamos muy, pero que muy peleados últimamente y no sé si esto tendrá arreglo, más bien creo que voy a dejarlo por uno más joven, que este ya está con demencia senil. Hace ya algún tiempo que de pronto decide declararse en huelga, sin servicios mínimos, y bloquea la tecla central, lo que hace que sea muy parecido al teléfono de juguete de mis sobrinos. Pero ayer me la hizo más gorda. De pronto vi una llamada perdida. Me sorprendió, ya que no esperaba para nada que esa persona me llamara. Como en ese momento no podía hablar, decidí enviarle un whatsapp diciendo que había visto su llamada, que ahora no podía hablar pero que le devolvería la llamada por la noche. Cual es mi sorpresa cuando recibo la siguiente contestación: "Sorry, debe de ser un error, yo no te he llamado". Vale, pensé flipando. Comprobé las llamadas no fuera que me hubiera leído mal el nombre. No, no, ahí estaba. Es decir, que mi móvil se inventa llamadas perdidas. ¡Lo que me faltaba! Así que si me dejáis una llamada perdida, volver a intentarlo, ya que como no me puedo fiar de mi teléfono, no pienso devolverlas, no vaya a ser que sean falsas.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Las aceras.

Cada día me irrita más lo poco civilizada que es la gente cuando anda por la calle. Por ejemplo, van cuatro amigos por una acera de medio metro y van uno al lado del otro al ritmo de tortuga coja. Yo, que quiero adelantarlos ya que tengo prisa, no encuentro la manera, así que al final tengo que sortear árboles, farolas y coches y bajarme de la acera para poder pasar por delante y no llegar tarde. Luego hay los que son incapaces de andar en línea recta. A ver, que no es tan difícil. Otra vez el ritmo de la tortuga... así que intento adelantar por la derecha y el de delante se mueve hacía la derecha, intento aprovechar un hueco por la izquierda y se va hacía la izquierda, y yo con ganas de apartarlo con un empujón, pero claro, no quiero líos así que volvemos a los árboles, farolas, etc. Luego los hay que se encuentran en la calle y se para a comentar en medio de la acera. Hace un par de semanas tuve que subirme a un escalón de más de medio metro para poder pasar. Lo peor era que antes que yo había visto a una señora teniendo que hacer lo mismo, y al pasar yo, me giré, y ahí seguían, hablando como si tal cosa. En fin, que habría que enseñar a la gente que la acera es de todos y no es terreno conquistable. A ver si en las miles de las reformas educativas a las que empezamos estar acostumbrados, algún ministro incluye esta asignatura, que creo que tenemos pendiente.

miércoles, 29 de enero de 2014

La empatía

Hoy iba a contaros que una amiga mía está tan enganchada al Candy Crush, que ayer en vez de subir a casa mientras yo acababa de arreglarme, se quedó en el coche ya aparcado jugando, mientras a mí me decía, no te preocupes, no hay prisa, estoy mirando unas cosas... yo creí que se refería a algo de trabajo, pero cuando bajé y la vi con el ipad en las manos y esa pantallita de colores casi me da un pasmo.
Pero fuimos a cenar con otra amiga y estuvimos hablando de la empatía, y me pareció increíble lo distintas que somos. Cada una de las dos es una de las caras de la moneda. Mientras una sufre por tooooodo lo que le pasa a tooooodo el mundo, la otra sólo siente el dolor ajeno si ese dolor lo sufre alguien cercano, muy muy cercano, y no siempre, depende si le parece ese dolor real y justificado o no. Yo, hasta hace unos meses, era más parecida a la primera, no tanto, he de reconocerlo, pero me acercaba, sentía el dolor ajeno como un dolor propio. Pero, de un tiempo a esta parte, me he vuelto de piedra, ya ni siquiera puedo disimularlo. Como me dijo alguien hace poco, "Al menos te das cuenta de que algunas veces eres muy fría, ya es algo". Y el hecho de que vaya cada vez a más me preocupa. Sí, sí, me preocupa, porque no soy yo, al menos no soy la que he sido siempre, y en teoría, a mi edad, la gente ya no cambia ¿o sí?

miércoles, 22 de enero de 2014

Baby Boom

Este año tendrá que ser considerado como un Baby Boom. Tengo un montón de amigas embarazadas. Y me alegro muchísimo por ellas. El problema es que con mi memoria de pez meto una pata tras otra. Resulta que quien pienso que espera para julio, es para marzo o quien pensaba para mayo es para agosto, y así todas. Así que perdonarme chicas si parece que no pongo atención a vuestro embarazo (que soy consciente que es uno de los momentos más importantes en vuestra vida) cuando me tenéis que repetir cada vez para cuando es el bebé. Luego está el de si es niño o niña... también tengo un "pequeño" cacao mental. Cuando pregunto si saben el nombre y me dicen "fulanito" yo me quedo sin palabras porque hasta ese mismo instante pensaba que iba a ser una "menganita". O cuando pregunto si ya saben si es niño o niña y resulta que está de ocho meses y medio. En fin, un verdadero desastre. Pero ya sabéis que no hay mala intención, es sólo que en mi cerebro a veces se colapsa el disco duro y en esos momentos no hay manera de encontrar el archivo correcto.

martes, 14 de enero de 2014

¿Qué es una cabina?

Hace unas semanas estaban dos de mis sobrinos jugando en casa de mi madre. Estaban jugando con unas piezas grandes de plástico de colores que puedes ir encajando una encima de la otra y habían decidido construir la ciudad de Londres. Habían hecho la noria, el río y el Big Ben al que además habían pegado un reloj de papel y unos soldados de la guardia real inglesa. En el puente habían puesto coches de juguetes y un par de coches rojos más altos que querían ser los autobuses de dos pisos. Al verlo les dije: sólo os faltan las cabinas. Mi sobrina de 7 años me dijo ¿cabinas? y el de 5 me preguntó ¿qué es una cabina? Lo miré intrigada y vi en su cara que me preguntaba por una cabina con la misma noción que tendría sobre el acelerador de partículas, es decir, ninguna. Me sentí antigua, prehistórica del Pleistoceno Medio. Suspiré y le expliqué que son los teléfonos que hay en las calles. La misma mirada de "no tengo ni idea de lo que me estás contando". Entonces me acordé del tiempo en que las usaba, lo desesperante que era no llevar monedas de 25 pesetas cuando tenías que avisar en casa de que llegarías tarde, o de lo que irritaba el ver que se te tragaba todas las monedas cuando habías hecho una llamada de medio segundo y lo peor de todo, cuando peleabas con esas puertas imposibles diseñadas por el mismísimo diablo. Ahora llevo unos días que cuando paseo por la calle y veo un teléfono me siento reconfortada, aún existen, no sé si se usan, pero tienen una importantísima función social, siento que no soy tan anticuada.

martes, 7 de enero de 2014

Adiós Navidad

Ayer por la noche se acabaron oficialmente las vacaciones navideñas y por lo que he visto en el calendario no hay un sólo día de fiesta hasta Semana Santa... en abril... ¡Y yo que llevo soñando con el verano desde octubre! Es que el frío y yo no nos llevamos nada bien. En cuanto llega tengo ganas de darle una patada. Además he conseguido dos quilos más que ayer rematé con el roscón de reyes. ¿Por qué en Navidad se come como si no hubiera un mañana? Digo yo, que toda esa cantidad de comida repartida a lo largo del año sería muchísimo más saludable, ¿no? Y para acabarlo de arreglar hemos empezado un nuevo año, y como siempre, nos ponemos esos propósitos imposibles que sabemos perfectamente que no vamos a cumplir, pero nos gusta engañarnos a nosotros mismos porque encima nos hace sentir mejor. El cerebro del ser humano es alucinante, y no siempre de una manera positiva. Que el autoengaño nos tranquilice la conciencia, a mi que me perdonen, pero es una soberana tontería. ¿Mis propósitos? No tener miedo. Ahí queda eso.